Para muchas personas la palabra meditación tiene un significado disperso, lejano, difuso y hasta complicado. Al hablar de meditación, la primera figura que nos viene a la mente, es la tradicional posición de loto; sentados, apoyados en nuestros glúteos con las piernas cruzadas, espalda y cabeza erguida, con los antebrazos apoyados sobre nuestros muslos, manos abiertas hacia arriba, tocando las yemas de los dedos pulgar y medio; ésta posición tradicional ha sido difundida por culturas orientales por siglos y convertida en un icono gracias a las enseñanzas entregadas por el gran maestro  Gautama Budha y tomada por occidente como la posición de referencia para la meditación. Sin embargo, resulta que meditamos más frecuente de lo que muchos pueden creer; inclusive mientras damos un paseo o mientras esperamos a alguien sentados en un banquillo de algún parque, nuestros pensamientos a través del plano mental nos llevan a escaparnos del tiempo y del espacio. A muchos nos ha pasado que por un instante nos sumergimos en un pensamiento específico, nos concentramos tanto en ese pensamiento que éste nos da la impresión que hemos durado 10 minutos en él, cuando en realidad sólo fueron un par de segundos; esto es una manera clara de representar lo que significa estar en un estado de meditación, solo que en estos casos se ha producido de manera involuntaria, sin planificarlo; sin tener control de la situación. 

La meditación es un estado alterado de conciencia que tiene múltiples propósitos, dependiendo lo que se desea alcanzar se entra en estados más profundos de relajación que permiten lograr de manera consiente niveles de alta vibración, para un uso específico de las energías que se generan en los diferentes planos. Todo comienza con entender los diferentes estados en los que la mente puede sumergirse, cuando alcanzamos niveles de relajación que nos permiten adentrarnos en estados alterados de consciencia, los mismos por lo que todo ser humano pasa durante el proceso del sueño. Un electroencefalograma permite medir los niveles de actividad cerebral, estos están categorizados en 4 estados: beta, alfa, theta y delta. Cada uno con un escala de Ciclos por minutos (CPS) como se muestra a continuación:


Para alcanzar estos estados debemos enfocarnos primero en la postura, debemos ubicar al principio una postura que nos permita estar más cómodos, para permitir el flujo constante de sangre y evitar calambres; puede ser sentados con la espalda erguida, acostados boca arriba, etc. Velas, incienso, perfumes, aceites, etc. Pueden usarse, pero no son necesarios, de hecho debemos evitarlos ya que muchas veces terminan creando dependencia, y luego si nos falta alguno de ellos se nos hace cuesta arriba lograr concentrarnos, la idea es que podamos relajarnos en cualquier lugar, cuando decidamos hacerlo sin necesidad de tener a la mano tantos implementos, solo es necesario un lugar tranquilo, una posición que nos permita relajarnos y el tiempo para nosotros. Es recomendable quitarnos los calzados, reloj y correa; estos bloquean el flujo de las energías del cosmos y las de la tierra, a través de nuestros Chakras.

Una vez que hemos ubicado la postura, debemos entonces enfocarnos en la respiración; inhalando profundamente por la nariz, relajando el diafragma, sosteniendo la respiración por un par de segundos para luego exhalar lentamente por la nariz, esperar un par de segundos y repetir el proceso. Cada vez que respiramos no solo absorbemos el oxigeno que necesitamos para vivir, sino que también absorbemos el Prana, esa energía vital que alimenta nuestro cuerpo energético, cuando respiramos de manera consciente durante una meditación; nos enfocamos en esa energía que nos suministra el Prana y que se irradia por todo nuestro cuerpo y se expande hacia nuestro cuerpo astral, a través de los Chakras. La respiración consciente nos permite alcanzar el equilibro, al aumentar nuestras vibraciones energéticas, es la llave que nos permite abrir las puertas internas y externas. A medidas que repetimos el ciclo de inhalar y exhalar debemos enfocarnos en cada parte de nuestro cuerpo, comenzando por los dedos de los pies, visualizar mientras inhalamos que recibimos energía y mientras exhalamos expulsamos de nuestro cuerpo cualquier pesadez, malestar, dolor, etc.  Nos enfocamos por unos segundos en los dedos del pie derecho, luego los dedos del pie izquierdo, seguimos a la planta del pie derecho, luego la planta del pie izquierdo, talón del pie derecho, luego talón del pie izquierdo, así sucesivamente vamos alternando el que área ha enfocarnos de nuestro cuerpo mientras, vamos subiendo hasta llegar a la parte superior de nuestra cabeza, si durante el recorrido existe un área que necesita más atención porque los músculos están muy tensos, podemos dedicar más tiempo a ese punto en específico, la intención es que a medida que vamos subiendo de los pies a la cabeza, nuestro cuerpo comenzará a sentirse más ligero, más liviano; este ejercicio no solo nos ayuda a concentrarnos en un pensamiento específico sino que también, nos ayuda a estar consientes de nuestro cuerpo físico y  llenar de luz nuestro cuerpo astral.

Para cuando hayamos llegado a la parte superior de la cabeza, todo nuestro cuerpo debería sentirse sumamente ligero, es posible que inconscientemente nuestra respiración se haga más profunda. A continuación debemos enfocarnos en un único pensamiento, que será el objetivo de nuestra meditación. Esta es la etapa más difícil, ya que es sumamente complicado enfocar nuestra mente a un único pensamiento o librarnos de ellos por cortos periodos de tiempo; ya que nuestro ego está inundando de muchísimas situaciones de estrés a las que nos enfrentamos continuamente en el plano físico. Tratar de aligerar nuestros pensamientos y enfocarnos en uno en particular es de gran ayuda durante esta etapa. Podemos usar la meditación para librarnos de situaciones de estrés, para aliviar nuestro cuerpo físico de alguna dolencia, para limpiar y equilibrar nuestros chakras, para buscar respuestas, más aun para entrar en contacto con nuestra esencia.

El proceso para alcanzar estados de profunda meditación varia de persona a persona, para muchos se les hará muy fácil, para otros más complicado; sin embargo todos tenemos la capacidad de alcanzarlo, la clave está en la constancia. Es recomendable dedicar entre 20 a 30 minutos dos o tres veces al día, que una hora una sola vez a la semana. Comenzarán a notarse los beneficios de esta práctica recurrente durante las primeras semanas, ayudándonos a tener un mayor enfoque, más tolerancia frente a situaciones de estrés, mejora el flujo sanguíneo incluyendo la tensión arterial, mayor retentiva, paz interior, etc. En nuestra sección de Descargas pueden encontrar una guía en audio que recomendamos seguir antes de irnos a dormir en las noches “Práctica Nocturna

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